En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —¿Y yo no cuento?
—Tú vales por doce, patrón; pero ¿no ves moverse una mancha blanca a lo largo de los bancos? Es el crucero inglés que sigue a distancia a Mysora y al prÃncipe de Manaar.
—¡También los blancos! —exclamó Amali, rechinando los dientes—. ¿Se han aliado todos contra m� Durga, vayamos a bordo.
—¿Iremos igualmente al abordaje?
—Esta noche no me detendrá ni el mismo Buda, aunque debiese combatir contra cingaleses e ingleses. Mi cimitarra no respetará a nadie.
Bajaron del escollo dejándose resbalar por las pendientes y saltando de meseta en meseta llegaron a los cinco minutos a la playa, donde su canoa estaba varada en la arena a causa de la bajamar.
Con veinte golpes de remo salvaron el espacio que los separaba del «Bangalore» y subieron a bordo. Los hombres de Amali habÃan notado ya que se acercaba la chalupa de Mysora y es habÃan preparado valerosamente a la pelea.
Las espingardas habÃan sido cargadas con balas de dos libras y habÃan llevado a cubierta fusiles, sables de hojas en forma de canal, como usan las poblaciones del centro de Ceilán, y buen número de pistolas y trabucos.