En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas Aquellos marineros eran todos de probado valor y ya muchas veces se habÃan medido contra los guerreros del maharajá de Yafnapatam, para vengar al hermano de su señor, y no temÃan a la muerte.
Por otra parte, todos ellos eran gallardos jóvenes, escogidos con cuidado entre los adictos y los pescadores de perlas, que solÃan manejar con igual habilidad los remos y las armas.
—Patrón —dijo uno de ellos, cuyo cinto estaba erizado de pistolones y puñales—. ¿Vamos a dar batalla a los cingaleses del maharajá?
—SÃ, amigos —contestó el rey de los pescadores.
—Vamos a matarlos a todos.
—No a todos. ¡Ay del que toque a Mysora! Ella debe caer en mis manos, viva e incólume.
—La tendrás, patrón —respondieron a una voz los pescadores.
Cargad las velas, levad anclas y salgamos a su encuentro.
Dos minutos más tarde, el «Bangalore» con todas sus velas al viento, abandonaba el fondeadero, bordeando hábilmente los bancos y los escollos que se extendÃan alrededor del grupo de los islotes.