En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —¿Asà me recibes? —exclamó el rey de los pescadores—. No eres generoso, prÃncipe de Manaar.
—Te pregunto dónde está Mysora.
—Está en mà poder.
—Vuélvela a su paÃs, o, palabra de prÃncipe, vas a pagar cara la infamia que has cometido.
Amali cruzó los brazos sobre el pecho, y dijo con voz grave:
—Cuida de que no me arrepienta de haberme mostrado sobrado generoso contigo, prÃncipe de Manaar. El mar es aquà muy profundo, y una vez arrojado al agua, un hombre no vuelve tan fácilmente a la superficie.
—¿Es una amenaza para asustarme?
—Es lo que haré, si me apuras la paciencia.
—Pudiste matarme cuando tu cimitarra me hizo caer al suelo.
—Pues ya ves que te he perdonado la vida para demostrarte que el rey de los pescadores de perlas no es un vulgar bandido.
—¿Me tendrás prisionero?
—Hasta que me parezca.
—Mis hombres vendrán a libertarme y harán trizas de ti y de todos tus secuaces.
—Hay quince mil pescadores de perlas y todos me obedecen; cingaleses, malabares o travancoreanos. ¿Puede oponerme otros tantos el prÃncipe de Manaar? Como ves soy más poderoso de lo que crees.