En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas En la cima, a una altura de más de cuatrocientos metros, se levantaba un vasto edificio de estilo indiano, con azules y anchas ventanas y galerías, y a un lado un almenado torreón de tal robustez que podía desafiar la más gruesa artillería.
El «Bangalore» llegó hasta el islote, dio la vuelta en torno de las rocas, sorteando hábilmente un caos de arrecifes y de bancos que la pleamar iba cubriendo poco a poco, y enseguida penetró por una vasta hendidura que parecía conducir a una caverna marina.
Era un inmenso boquete, tan alto que los palos de la nave no alcanzaban ni a la mitad de la arcada, y tan, ancho, que hubiera podido pasar por él una fragata.
Los marineros habían encendido linternas, disponiéndolas a lo largo de las bordas.
Apenas entrado, el «Bangalore» se encontró en una caverna gigantesca, que debía ocupar por lo menos la tercera parte del islote, perforada por antros vastísimos, capaces de dar asilo a la nave y con bóvedas muy altas.
En medio se veía colgar una escala de cuerda que debía conducir a alguna galería superior, si no directamente a la cima.
Apenas la caverna quedó iluminada con las linternas, manifestóse en sus aguas una viva agitación.