En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas DESPUÉS de aquella emocionante revelación, del rey de los pescadores de perlas, reinó un, profundo silencio en el saloncillo. Mysora, aterrada, no se atrevía ya a levantar sus ojos hacia Amali, ni pronunciar una palabra en defensa del propio hermano. Había oído referir algo acerca de aquel atroz delito cometido por el príncipe, pero hasta aquel momento había ignorado siempre que aquel general hubiese sido descendiente de los antiguos reyes del Yafnapatam y hermano del rey de los pescadores de perlas.
Había desaparecido la expresión irónica y altanera de su rostro y el tinte amarillo dorado de su tez se había tornado gris o sea palidísimo.
—¿Qué me dices, Mysora, de esta historia? —preguntó finalmente Amali, rompiendo el embarazoso silencio.
—La conocía vagamente —respondió la princesa sin mirarle—. ¿Quieres vengar en mí la muerte de tu hermano? Saca tu puñal y mátame.
—¿Reconoces en mí este derecho?
Mysora no tuvo valor para responder.
—El rey de los pescadores de perlas, por fortuna, no es ningún ser vil para habérselas con una mujer. Mi odio va contra tu hermano y no contra ti, y por lo tanto, sólo en él me vengaré.
—Entonces, ¿por qué me has raptado y traído aquí?