En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Para rescatar de sus manos al pobrecito Maduri que tiene en rehenes y al que harÃa morir como a su padre si yo osase intentar algo contra su reino.
—¿Y esperas que mi hermano te lo devuelva?
—Si quiere verte libre será necesario que me lo entregue.
—AsÃ, ¿estaré secuestrada hasta que te entreguen, a Maduri?
—SÃ, Mysora.
—La cárcel no es fea —dijo la joven, con nueva ironÃa—. El rey de los pescadores de perlas posee un palacio que puede competir con el de mi hermano, pero tiene un defecto.
—¿Cuál?
—Que es menos sólido.
—No te entiendo.
—Me comprenderás cuando te diga que los guerreros de mi hermano verán de asaltarlo y demolerlo.
—¿Y por dónde llegarán? —preguntó Amali con burlón acento.
—Encontrarán el medio de escalar estas rocas.
—Ya te he dicho, señora, que les espero tranquilamente.
—Y también los ingleses intervendrán.
—Que lo hagan.
—Y los guerreros de Manaar acudirán para libertar a su prÃncipe.