En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —¿Te interesa su libertad?
—No me interesa.
—Y sin embargo, te ama —dijo el rey de los pescadores con voz extraña.
—¿Y a ti, qué te importa? —preguntó Mysora sorprendida por el acento de Amali y mirándole fijamente.
El rey de los pescadores hizo con la mano un gesto incomprensible, y luego dijo:
—Adiós, señora. Tienes por prisión la estancia más suntuosa de mi palacio y a tu disposición una multitud de servidores. No tienes más que mandar y gozarás de todo cuanto puedas desear, excepto una sola cosa: la libertad.
Volvióle la espalda sin esperar respuesta, y se encaminó a la puerta.
Cuando llegó al umbral se volvió vivamente mirando a la prisionera.
En aquellos ojos poco antes tan sombrÃos, habÃa ahora un rayo de dulzura infinita.
Lanzó un suspiro y salió precipitadamente, como si tuviese miedo de no poder contener alguna palabra que estaba para escapársele de los labios.
En la estancia inmediata le esperaba Durga con cuatro indios armados hasta los dientes.
—¿Qué ordenas, patrón? —preguntó.