En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —¡Por los cuernos de Belcebú! — exclamó el panzudo subteniente, retorciéndose los negrÃsimos bigotes—. ¡Qué listas son las mujeres árabes! ¿Quieres cenar conmigo, Afza? A pesar de que la abundancia no reina jamás en este maldito bled, he conseguido adquirir un poco de cordero asado, una gallina y un cestito de higos secos que ayer mismo llegaron de Constantina. ¡Ah! Se me olvidaba. Guardo un vinillo francés excelente y una botella de champaña. ¿Tú no habrás bebido nunca champan?, en el desierto...?
—No — respondió Afza, sentándose a la mesa. El subteniente sacó de un armario el asado, la fruta y las botellas y lo colocó todo ante Afza, diciéndola:
—Espero que el Rayo del Atlas hará honor a la cocina francesa. ¡Qué lástima no estar en Paris o Marsella! ¡Cuánto nos divertirÃamos!
Y lanzando un profundo suspiro, empezó a comer a dos carrillos. No sucedió lo mismo con la joven, que comÃa muy poco y que además tenÃa su vaso siempre lleno.
— ¡Voto al infierno! exclamó el subteniente al .observarlo —. ¿Qué coméis vosotros los moros cuando estáis en el desierto? ¿Por qué no bebes ni una gota de estos famosos vinos?