En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —Ningún preso puede huir. Yo mismo he examinado los barrotes esta mañana y los he hallado todos en buen estado. Además, los prisioneros están cargados de cadenas.
El subteniente llenó un vaso y lo tendió al sargento, diciéndole:
—Bebe y ordena a los centinelas que vigilan los alrededores del bled que se retiren bajo algún cobertizo. Preferible es que esos valientes mueran sobre el campo de batalla en vez de un campamento por una descarga eléctrica. Ve, Ribot.
El sargento vació de un sorbo el contenido del vaso, cambió con Afza una mirada de inteligencia y salió apresuradamente.
—¿Estás contenta, niña? — preguntó al subteniente.
—Si, dueño mÃo, crees que el conde logrará huir?
—No lo sé.
—¿Acaso tú, con la complicidad de alguien, le has provisto de limas para romper las cadenas y limar los barrotes?
—Yo no he visto al conde ni conozco a nadie aquÃ. Ya sabes que permanecemos siempre lejos del bled.
—¿Y cómo has podido saber que esta noche el conde intentará la fuga?