En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —¿Eres un león; un Hércules en persona?
—Lo era Steiner.
El abogado se habÃa acercado al conde, el cual se ocupaba en levantar dos barrotes para poder servirse de ellos como de armas defensivas en caso de peligro.
—He ahà un hermoso agujero — exclamó , Pero queda todavÃa la reja.
—Que yo destrozaré si tú me ayudas.
—Un esfuerzo de rinoceronte o de elefante —dijo el toscano, sonriendo melancólicamente — El bled se ha comido mis músculos, o mejor dicho, las fiebres me los han devorado. Sin embargo, un dia, a bordo del brik de mi padre, pegué tan fuerte puntapié a un marinero, que le mandé al hospital por veinte dÃas o un mes entero.
—Trabaja, pues, con los pies.
—¿Y los centinelas?
—No pienses en ellos. Serán más sordos que las tapias.
La reja no podÃa ofrecer larga resistencia. Pronto consiguieron los dos compañeros desembarazarse de ella, pues estaba hecho lo principal.
—¿Nos vamos? dijo el toscano, aspirando ávidamente el aire húmedo que penetraba en la celda.
—Aguarda. No hay que tener tanta prisa.
—¿Crees que habrá centinelas?