En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —¡Afza!
—¿Por qué?
—Para permitirte la huida.
—¡Ah!, ¡desgraciada! —exclamó el conde.
El árabe se acercó a él y le dijo con voz grave, mientras le ponÃa las manos sobre sus hombros.
—El árabe que tiene buena sangre en las venas, la transmite a sus hijas. ¿Qué temes? El Rayo del Atlas posee el mejor puñal de su padre. A estas horas dicha arma estará, sin duda, hundida en el pecho del subteniente. Yo respondo del valor y de la audacia de mi hija, conde.
En lugar de responder, volvióse el húngaro hacia el toscano, que parecÃa atontado, y le dijo:
—¿Conservas el barrote?
—Si, camarada—contestó el abogado.
—Vamos, pues, a salvar a Afza, mi mujer,
—Adelante.
Disponiase a correr hacia el bled, cuando el moro aferró estrechamente por los brazos al conde, y le preguntó:
—¿Qué piensas hacer?
—Salvar a mi esposa.