En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —¡Mi Rayo del Atlas! —habÃa exclamado ¡Qué, Afza!
Por su parte, la joven habÃa descubierto a los tres hombres y se dirigÃa hacia ellos, saltando con la agilidad de la gacela, mientras en el bled se oÃan sonar trompas y gritos atronadores.
—¡Afza mÃa! — exclamó el conde, abrazándose a ella y deteniéndola en su carrera.
—¡Mi señor!
—¿Que ha sucedido en el bled?
—Le he matado...
—¿A quién?
—¡Al subteniente! ¡Huyamos! ¡Que los espahis nos dan caza!
—¡Ahl ¡Lo veremos! — rugió el húngaro, con acento salvaje.
—¡Aru! — gritó Hassi.
El fiel negro habÃa ya visto a su joven ama y corrÃa conduciendo a los maharis que ligara en reata.
En el bled las trompetas tocaban sin cesar. Oiase un clamoreo inmenso.
—¡A mi, Aru! — repitió Hassi.
—Aqui estoy, señor repuso el negro.
—Afza — dijo el conde, que parecÃa presa de profunda emoción—, ¿quién te ha hecho huir?
—Ribot.