En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —¡Buen camarada! Dime, ¿has matado al innoble verdugo del bled?
—Le he apuñalado —respondió frÃamente el Rayo del Atlas—. A mi padre juré su muerte.
—¡En silla! gritó en aquel momento Hassi-el-Biac —. Los espahis nos alcanzan.
El conde cogió a Afza entre sus brazos, como si fuera, una niña, y la colocó sobre su mahari favorito. Por la llanura, constantemente iluminada por los relámpagos, avanzaba rápido como el rayo un pelotón de cazadores de Africa.
—¡En marcha! — gritó Hassi-el-Biac.
Los seis maharis lanzáronse en desenfrenada carrera, asà que oyeron el silbido de su dueño.
Espoleados por el incesante ruido y el retumbar creciente del huracán, devoraban materialmente el camino.
Bien pronto quedaban atrás los caballos árabes de sus perseguidores.