En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —No soy más que tu marido.
—Como quieras.
—¡ Enrique!
—Presente.
—Supongo que no tienes miedo a los leones ni a las panteras.
—Qué miedo voy a tener. Sólo me asustan los tiburones, porque cortan las piernas sin enseñar siquiera la jeta.
—Ven con nosotros. Sé que eres tirador escogido del primer batallón.
—Quien lo sabe es el tunante de Bassot, al cual arranqué un dÃa de un tiro el lóbulo de la oreja — respondió riendo el ex abogado. Pero tengo que confesarte, conde, que si lo hice fué porque lo habÃa jurado.
—Te creo.
—¿Y qué vamos a cazar?
—No lo sabemos todavÃa. ¿Serán leones o panteras, Hassi?
—Panteras, probablemente — respondió el moro.
—En este caso, Aru puede encender el fuego —dijo el toscano.
—Para qué? — preguntó el magnate.
¡Diablo! Para asar las fieras que matemos.
—¿Comerias leones?