En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —Toma, tÃo Carbón—le dijo, mientras el negro saltaba a tierra—. Te has ganado la cena, que te ofrezco con el corazón inundado de alegrÃa.
En aquel momento llegaron Hassi, Afza y el magnate, guiando a los maharis a través de las pendientes de la colina. ç
—¿Y los espahls? —preguntaron todos a una, con la mayor ansiedad.
—Tan rendidos como sus caballos respondió el negro, devorando ávidamente la cena.
—¿No ha quedado ni uno en pie? — interrogó Hassi.
—Han acampado a tres o cuatro millas dé aquà y creo que no los volverás a ver muy pronto, señor.
—¿No te han herido?
—No; disparaban pésimamente. No he oÃdo silbar más que una bala,
—Come, tÃo Carbón— dijo Enrique —, ¿Saben bien estas panteras asadas por mi?
—Si, señor.
—Vaya, me alegro. Desde ahora en adelante quiero ser yo el cocinero de los héroes del bled.
—¿Puede resistir tu mahari? —preguntó Hassi, que parecÃa preocupado e impaciente, como si temiese un nuevo peligro.