En las montanas de Africa
En las montanas de Africa En efecto, la argelina, con los pocos medios de que disponÃa, habia preparado un alcuzcuz excelente, aunque cocinado en la llama de una antorcha, y preparado cierto pastel de dátiles, de albaricoques y de uvas pasas, sabrosas en extremo. La noche, como puede imaginarse, pasó tranquillsima, resultando, más que nunca, la tumba inaccesible a los animales feroces y hasta a los hombres que no hubiesen conocido el secreto de la piedra. Después de un sueño de ocho o nueve horas, los dos legionarios, el moro y Aru volvieron al trabajo con grandes brios. No obstante, antes de proceder a la excavación, Enrique acercó su oÃdo al conducto de aire, y con gran sorpresa notó qué todavÃa los gritos pasaban y se propagaban a través del tubo de barro cocido.
—Un hombre o una bestia tiene que ser —dijo—. Pero quisiera saber quién se obstina en gritar ante la boca del conducto precisamente.
—Lo sabremos cuando nos hayamos abierto el pasaje —respondió el conde—. Es Inútil, por ahora, romperse la cabeza en buscar la explicación de este misterio.
—Sin embargo, daria con gusto mi reloj, que es el único recuerdo que me queda del brik de mi padre.