En las montanas de Africa
En las montanas de Africa A medianoche acampó la caravana en una llanura que atravesaba, hasta perderse de vista, una hondonada que parecÃa haber servido de lecho a un rio. El beduino envió á sus huéspedes vÃveres y tabaco, pero con gran sorpresa dé todos no apareció por su tienda para augurar, como acostumbraban los habitantes del desierto, las buenas noches.
—¿Le habrán asustado nuestras bombas?—preguntó Enrique.
—No seria este un.motivo suficiente para explicar tal falta de cortesÃa—respondió Hassi-el-Biac, algo inquieto.
—Dijérase que temes algo, amigo moro.
—Te aseguro que no estoy muy tranquilo.
—¿Por qué? — interrogó el magnate.
—Hoy he observado que tres hombre han abandonado el campo y se han dirigido hacia el sur, espoleando furiosamente sus cabalgaduras, obedeciendo sin duda a una señal convenida de antemano.
—¿Y no han regresado?
—No
—¿Montaban camellos o maharis?
—Maharis
—La partida de esos hombres me da mucho que pensar —dijo el magnate, después de algunos instantes de silencio.