En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —¿Has notado.. algo, santón? —interrogó Enrique.
—SI. He visto a El-Madar arrojando trocitos de papel a lo largo del camino.
—¿Y qué tiene eso de sospechoso? Se habrá desembarazado indudablemente de algunas cartas de familia.
—¡Un beduino que posee cartas de familia! exclamó el conde, riendo Si los hijos del desierto no han aprendido jamás a escribir.
—En tal caso, serán cartas de su amada.
—¡Vete al diablo! No tengo ganas de oÃr tus simplezas.
—¿Pero qué sospechas tú de esos papelitos?
—¿No podrÃan ser seriales? — preguntó Hassi, de improviso.
—.¿Para quién crees tú que servirÃan?
—Preguntáselo a Muley.
—¡Voto al diablo l exclamó Enrique—. Hay que soltar la lengua, querido santón.
—Si, debes hablar agregó el conde.
—Pues bien, os diré que El-Nadar no cree en absoluto nada de cuanto le hemos dicho — respondió el marabuto —, y que ayer, al salir de vuestra tienda, me dirigió, algunas preguntas sobre vosotros y me habló del bled.