En las montanas de Africa
En las montanas de Africa El toscano miró al conde, que parecia inquieto hasta el punto de no prestar atención a las palabras tranquilizadoras que, de vez en cuando, le susurraba Afza al oÃdo.
—¿Qué piensas hacer, conde? — le preguntó—. Me parece que sabemos lo bastante para desconfiar de la leal hospitalidad de ese hijo del desierto.
—Me preocupan los tres hombres que han abandonado la caravana — respondió el magnate.
—¿Qué temes?
—Que el beduino los haya mandado en busca de los espahis, —¿Olvidas que con ellos se encuentra el bravo Ribot?
—Ribot no es el jefe del bled y su autoridad es igual a la de Bassot. Si uno de esos tres beduinos halla a los espahÃs, estoy seguro de verlos llegar dentro de muy poco tiempo. El dinero excita su codicia y harán todo lo posible por capturarnos. Quisiera verme ya en el Atlas, entre las tribus guerreras de las cabilas y bajo la protección de los senussis.
—Desgraciadamente tardaremos en llegar a la falda de la cordillera más de cuarenta y ocho horas— observó Hassi.
—En dos dÃas pueden suceder muchas cosas — murmuró el conde —. Es demasiado larga la distancia que nos separa del Atlas.