En las montanas de Africa

En las montanas de Africa

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—A media noche emprenderemos la marcha hacia poniente, siguiendo la base de la cordillera. Si no atravesaron aún la llanura, les pescaremos y se los presentaremos al subteniente atados como, salchichas. Tengo una antigua cuenta que saldar con el conde.

 Comida en un momento la sopa, tendiéronse a la bartola para esperar media noche, hora fijada para la marcha. Sabiendo que estaban aislados, ni siquiera pusieron centinelas. Cinco o seis horas de sueño bastaron para restaurar sus fuerzas, y a las dóce estaban todos a caballo, dispuestos a alcanzar a los fugitivos, que para ellos representaban un gran premio seguido de una licendia temporal largamente deseada. 

Se emprendió el galope con gran ímpetu y entusiasmo. Guiaba el grupo Ribot, como sargento más antiguo, y lo guiaba hacia donde estaba seguro de que no debían pasar los fugitivos para refugiarse en el Atlas. Aquellas carreras duraban desde dos días antes, sin ningún resultado, como no fuera cansar a los caballos y quién sabe cuánto duraran a no ser por un acontecimiento imprevisto por Ribot y que las interrumpio. 

Hablan acampado a unas cincuenta millas a poniente de la cuba, cuando vieron llegar a un beduino, montado en un camello, cubierto de sudor y de espuma. La aparición de aquel hijo del desierto fué saludada con un ¡viva! porque prometía alguna buena noticia relativa a los fugitivos. 


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