En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —¡ Sargento!
Bassot habÃa sido el primero en despertar, jurando por las cien mil colas del diablo cojuelo.
—¿Qué pasado, Ribot? — preguntó —; me parece que has soñado. No veo nada ni a nadie.
—Ni al beduino, supongo.
—¡Cómo! ¿No está aqui?
—Ha huido, amigo.
—¡Que se vaya al diablo! Ya encontraremos el campamento de El-Madar sin su auxilio. Galopando unas horas llegaremos.
—¿Y con qué caballos?
—¡Voto va... ! Supongo que con los nuestros — chilló Bassot —; creo que te has vuelto loco.
—¡Ya! fÃjate en lo que ha hecho ese perro de beduino antes de escaparse,
—¿Quieres asustarme?
—Te digo que vayas a ver los caballos.
El sargento vaciló un momento al oÃr aquellas palabras que le anunciaban una desventura y luego se precipitó hacia los caballos.
Oyéronse furiosos juramentos. Bassot se mesaba los cabellos.