En las montanas de Africa
En las montanas de Africa — ¡Ah, miserables!— exclamaba, dándose puñetazos en la cabeza ¡Nos ha matado tres caballos! ¿Se han puesto todos de acuerdo, cabileños, senussis y beduinos para salvar a ese húngaro? Se me escapará el premio de las manos. ¡Maldiga Dios al diablo cojuelo y todas sus colas!
—Ya te dije que no te fiaras de esos Ribot. —¡No les CreÃa tan bandidos!
—¿Y ahora qué haremos? -
—-¿Y me lo preguntas? Ir a ver si es verdad que los fugitivos están en el campamento de El-Madar.
—¿Con tres caballos menos? ¿Cuándo llegaremos?
—Un dÃa u otro daremos con El-Madar.
—¿Dónde?
—Seguiremos la base del Atlas.
—Como quieras.
—¿Dudas tu?
—Yo creo, camarada, que todos nos engañan.
—Pues no durará mucho el engañlo. Si El-Madar nos ha burlado, le mando fusilar. Tengo carta blanca. Beduino más o menos, poco importa. ¡Ea, muchachos! Levantad las tiendas y montad como podáis. Los caballos más robustos llevarán a los que carecen de cabalgadura. ¡A Caballo!