En las montanas de Africa
En las montanas de Africa Durante un rato continuó el toscano lanzando torrentes de injurias; pero se aquietó poco a poco al ver que nadie le hacia caso.
—Ya era tiempo de que callases —dijo el conde —; tienes una lengua que corta como un yatagán.
—Si, pero que no ha conseguido desgarrar la piel de ese cocodrilo replicó Enrique, riendo ¡Bandido! ¡Canalla ! ¡Vendernos dé ese modo ! ¿Y Hassi? ¿Y el marabuto? ¿Qué les habrá pasado?
—Si les hubiesen cogido, aquà estarÃan — contestó el húngaro Tienen más suerte que nosotros. Consiguieron salvarse.
—¿Por qué no vuelven?
—Si Hassi está libre, no nos abandonará, pero no será tan torpe que vaya a echarse entre las garras de El-Madar. El Atlas está cerca; el marabuto cuenta con grandes influencias entre los cabileños y senussis. Esos dos hombres no perderán el tiempo.Espero que vengan mañana o pasado a la cabeza de una columna de cabileños. Por eso no estoy muy impresionado.
—¿Y si llegan primero los espahis?
—Aquà está el mal —replicó el conde —. Si Ribot consigue entretenérlos un par de dÃas, estamos salvados, porque el Atlas está a dos pasos.
—Entonces podemos descansar un rato hasta nosotros, con la espéranza de despertar mañana entre treinta cabezas cortadas, todas de beduinos.