En las montanas de Africa
En las montanas de Africa El beduino de guardia no se habia engañado. Veinte minutos más tarde llegaban al campamento los dos emisarios mandados al encuentro de los espahÃs y que en el camino se habian encontrado.
El-Madar les recibió en seguida y les preguntó con afán:
—¿Les habéis visto y hablado?
—Si— contestó el que habÃa recibido las monedas de oro de Ribot y puedo añadir que ya están en marcha, porque he visto cuando se dirigÃan hacia aquÃ. Una cosa me extraña.
—Dila y se breve.
—Cuando yo les dejé; cadá uno tenia su caballo; cuando les vi pasar, les faltaban tres.
—Habrán muerto de cansancio.
—No, mi amo; porque después de verles pasar volvà a su campamento y vi a los caballos que faltaban tendidos en un lago de sangre. Alguien debió degollarlos.
—¿Qué deduces de ello?
—Que si no les envÃas maharis tardarán en llegar.
—¿Cuántos frangis vienen?
—Catorce.
—Tenernos bastantes camellos corredores para ellos. Por mi, parte ya quisiera estar en el Atlas y haberme desembarazado de los prisioneros.