Flor de las Perlas
Flor de las Perlas Luego ordenó en voz alta:
—¡Izad velas y levad el ancla!…
Los marineros iban a obedecer, cuando aparecieron dos grandes sombras en la boca del rÃo; una tomó la derecha y otra la izquierda parándose en medio como para impedir la salida al mar de la tow-meng.
—¡Por Fo y Confucio!… ¡Ya están aquÃ! —exclamó el jefe del Lirio de Agua.
—Nos espiaban —observó Than-Kiu.
—Nos abriremos paso a cañonazos, pasando sobre sus cascos si es preciso —dijo Tseng-Kai.
—¡Guarda al rÃo! —gritó un marinero de los del castillo de proa.
El viejo y sus dos amigos volvieron la cabeza precipitadamente y no pudieron contener un grito de furor; diez grandes chalupas, hechas de troncos ahuecados de gigantescos tele, árbol cuyas fibras desafÃan las balas de cañón, bajaban rápidas por el rÃo en lÃnea de batalla. Eran embarcaciones pesadas, de quince y hasta diez y seis metros, tripuladas por veinticuatro remeros y un timonel, que eran otros tantos combatientes, todos armados de bolos y kampilang (espadones con punta en forma de górgola), y bastantes con fusiles.