Flor de las Perlas
Flor de las Perlas Los piratas saltaban de las chalupas aullando inspirar mayor terror, tratando de subir por todas partes. Los primeros que lo lograron cayeron con la cabeza rota por la primera descarga, desbando a los que les seguían. Sin embargo, no se amedraron por aquel primer fracaso. Otros cubrían las bajas, animándose entre sí, y procurando con espantosos gritos aterrar a sus contrarios, mientras los que tenían los fusiles los descargaban con gran atruendo inofensivo.
A proa y a popa, los disparos se sucedían con prodigiosa rapidez, dando excelentes resultados las armas de retrocarga sobre aquellas masas de salvajes que intentaban escalar la cubierta. Los piratas caían a docenas, pero otros los reemplazaban, y veinte consiguieron penetrar por entre el trinquete y el palo mayor. Sus gritos de triunfo trocáronse al instante en aullidos de rabia, que revelaban atroz dolor: se habían clavado en los pies las pelotillas esparcidas por Tseng-Kai, mortificándoles atrozmente.
Trataron de retroceder gimiendo, pero las bolas rodaban, y concluían los desgraciados por caer a la larga sobre cubierta, desgarrándose las carnes, mientras, a balazos y a quemarropa, los remataban los chinos. En tanto, Than-Kiu bajaba con rapidez la espingarda para no herir a sus compañeros de popa, y desalojaba la baranda de babor con la metralla.