Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —De los dos que bebieron mi excelente broto.
—¿Sheu-Kin y Pram-Li?
—SÃ; asà creo que se llaman.
—¿Cómo?… ¿Los hallaste?…
—En el islote en que los escondisteis —repitió el pirata riendo—. DormÃan tan apaciblemente que no se han despertado hasta hace poco, y aun habido necesidad de darles un buen baño para decidirles a que abrieran los ojos. Mira, muchacha para hacer esas jugarretas a un hombre como yo hace falta asegurarse primero de que uno no es espiado, y vosotros ibais seguidos por uno de los mÃos.
—¿Y no se les ha hecho mal alguno?
—¿A cuento de qué?
—¿Ni siquiera a Hong?
—Si no les hicimos nada a los otros, ¿por qué Ãbamos a hacérselo a un valiente? Estimo a los valientes, y ese chino es el hombre más intrépido que he visto en mi vida.
Than-Kiu afirmó con la cabeza, y por algunos instantes permaneció pensativa; luego, mirando escrutadoramente al malayo, le preguntó:
—¿Y qué piensas hacer de mÃ… ahora que me tienes en tus manos?
—Lo que se hace de una mujer que nos gusta.
—¿O sea…? —exclamó la joven poniéndose en pie y estremeciéndose.