Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Eran demonios y no hombres los que lo defendÃan, y por eso se me escapó de entre las manos cuando menos lo creÃ. Los condenados forzaron la boca del rÃo, pasando por ojo a uno de mis paraos, y salieron al mar. ¡Ojalá sean todos comidos de perros marinos!…
—¿Y…?
—¿Qué otra cosa deseas?
—Saber lo que ha sucedido al hombre que me siguió al agua —dijo Than-Kiu ruborizándose.
—¿Aquel hermoso chino que se batió como un demonio en el castillo de proa… a quien tú llamabas Hong, si no me es infiel la memoria?
—Sà —murmuró la joven con ansiedad.
—Está aquÃ.
—¡AquÃ… él!…
—Lo pescaron al mismo tiempo que a ti; pero, antes de dejarse prender, estranguló a dos de mis hombres. Fue una verdadera suerte para él que yo le viese, pues iban ya a romperle el cráneo con bolos. Es fuerte como cinco hombres, y valiente como una pantera negra.
—SÃ; fuerte y valiente como…
Se interrogó ahogando un suspiro, y, dirigiendo amenazadora mirada al malayo, le preguntó:
—¿Qué has hecho de él?
—Está preso a bordo de este parao, en compañÃa de los otros dos.
—¿De qué otros?