Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Haré de ti la esposa del jefe de los piratas sultán de Bacat.
—¡Ah!… ¿Y te figuras que yo puedo aceptar?
—SÃ, porque haré de ti la verdadera reina del sultanado. Soy poderoso como mi señor, y acaso más: él extiende sus dominios desde las orillas del Butuán y del Bacat hasta las altas montañas del Dicalungan; pero yo mando en jefe todos sus paraos y chalupas con dos mil hombres arrojados de tripulación. Además soy riquÃsimo, y mi nombre hace temblar hasta al mismo sultán de Selangán, pues, como has visto, correteo por sus rÃos sin que se atreva a impedirme el paso. ¿Qué mujer rehusarÃa ser la esposa del jefe Pandaras?… Todas las del sultanado de Bacat se enorgullecerÃan de aceptar mi mano, incluso las mismas hijas de mi señor.
—Más te valiera haber elegido entre las hijas del sultán; yo no soy sino una pobre mujer.
—Eres una valiente, y la más hermosa que he visto; esto basta para el jefe de los piratas. ¿Quieres ser mi mujer?… Te juro que no tendrás que quejarte de mÃ, y quizá un dÃa pueda darte también súbditos.
—¿Y si rehusase?
—No responderÃa de tu vida ni de la de tus compañeros.
—Muy bien; pero hasta ahora no me has dado prueba alguna de tu amor, para que yo lo crea —repuso la joven con sutil ironÃa.