Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Estoy pronto a darte cuantas quieras.
Un relámpago brilló en los ojos de Flor de las Perlas de aquel bárbaro, y trató de sacar pronto provecho de su amor.
—Si es cierto que me amas, me dirás qué ha sido de los hombres que iban en la cañonera.
—¿TodavÃa la cañonera? —exclamó el pirata, cuya frente se cubrió de arrugas.
—Te dije que entre aquellos hombres iba un hermano mÃo.
—¡Ah!… SÃ, creo recordar…
—¿Los hiciste prisioneros, Pandaras?
El malayo parecÃa vacilar. Than-Kiu se le acercó y le dijo:
—¿Es asà como quieres darme una prueba de tu amor?
—Tienes razón —repuso el malayo, herido en lo vivo por el acento sarcástico de la joven—. SÃ, fueron mis piratas los que asaltaron la cañonera; los jefes dormÃan en sus camarotes, y fueron hechos.
—¿Y qué hiciste de ellos?
—Los que se defendieron, murieron; pero los demás dormÃan, como te dije, y los apresamos.
—¿Cuántos eran?
—Una docena.
—¿HabÃa una mujer entre ellos? —preguntó la niña con ansiedad.