Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —SÃ, una muchacha blanca.
—¡Ah!… ¡Vive!… ¡No la ha abandonado su buena estrella!…
—¿Es asà como quieres darme una prueba de tu amor?
Calló un instante e interrogó de nuevo:
—HabÃa también un hombre de tez bronceada y pelo negro, un hombre fuerte y valeroso como Hong… ¿Lo has visto?…
—SÃ, recuerdo. Estaba siempre al lado de la doncella blanca.
Than-Kiu hizo un gesto tan brusco, que el malayo la miró estupefacto, conociendo que una tempestad se desencadenaba en su corazón. Instintivamente se acercó a ella, viendo sus facciones desencajadas y anublada su frente.
—¿Qué tienes?… ¡Pareces muy agitada!…
—Nada —replicó ella bruscamente—. Pensaba en mi hermano. —Y mirando ardientemente al malayo, agregó—: Se amaban aquel hombre y aquella mujer, ¿verdad?
—Me pareció que sÃ; él hizo toda clase de esfuerzos para protegerla; hablaban mucho en voz baja, y se miraban tiernamente… Después supe que eran novios… pero…
—¡Sigue, sigue! —exclamó la joven palideciendo más y más.