Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —¡Y has podido creerlo!… Flor de las Perlas no es falsa y tornadiza, y no olvida a los amigos que han expuesto, más de una vez en veinticuatro horas, la vida por salvarla. No, bravo amigo mÃo, no; mi corazón no pertenece al jefe de los piratas; soy su prometida, pero… ¿por cuántos dÃas? Tengo que pensar en salvaros… a ti y a mis dos fieles compañeros.
—¡Ah, gracias, Than-Kiu! —exclamó radiante de entusiasmo y amor el chino—. ¿Esperas, pues, poder libertarnos?
—SÃ, Hong; y acaso muy en breve.
—¿Y quizá también… tu corazón…? ¡Oh, dÃmelo, Than-Kiu!…
—Espera —repuso la joven lanzando un suspiro. Y, moviendo con gracia la cabeza, añadió tristemente—: Él está perdido para mÃ… por siempre. ¡Ellos se aman! ¡Ah! ¡La doncella blanca debÃa ser fatal a la pobre Flor de las Perlas… todavÃa… y siempre!