Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —¿Adónde irá a parar esta lengua de tierra? —exclamó, tras otros diez o quince minutos de camino—. Debemos haber recorrido ya dos kilómetros lo menos, y no se ve nada sino agua.
—Atravesará la laguna —opinó Than-Kiu.
—Quiero averiguarlo. ¡Eh, Sheu-Kin! Sube sobre mis hombros y mira dónde termina.
El joven entregó al malayo fusil y vÃveres, y en un instante se encaramó sobre Hong.
—¿No ves nada?
—SÃ; veo dónde termina esta lengua de tierra.
—¿No atraviesa la laguna?
—No; termina en un islote lleno de cañas, que me parece más elevado que esta penÃnsula.
—¿Está lejos?
—A unos quinientos pasos quizá; pero…
—No veo la orilla opuesta de la laguna.
—Estará más baja, y con esta obscuridad…
—A pesar de las tinieblas, veo perfectamente dos animales que avanzan hacia nosotros.
—¿Son panteras, quizá?
—No tengo ojos de gato para distinguirlos bien; pero, por sus lentos movimientos, sospecho que no son ni panteras ni gatos de algalia.
—Vamos a ver lo que son.
El chino descendió al suelo y recobró su fusil y sus vÃveres.