Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Teneos tras mà y no hagáis fuego; si no son panteras ni gatos de algalia, podemos usar nuestro kampilang. Las detonaciones pueden vendernos y atraer a los piratas o a los salvajes.
Colgáronse al hombro los fusiles, sacaron los afilados sables y avanzaron sin separarse de las cañas, bien resueltos a abrirse paso hasta el islote. A los cinco minutos, un gruñido sordo muy fuerte les detuvo.
—¡Bueno! —exclamó Hong—. Ahora veremos con qué clase de animales vamos a luchar.
—O mucho me engaño —observó el malayo—, o se trata de una pareja de birmang.
—¿Qué es eso de birmang?
—Osos malayos.
—¿Y qué hacen por aquà los osos?
—Habrán venido a buscar insectos o pequeños roedores que, con la fruta, son su principal alimento.
—¿A estas horas?
—Son nocturnos.
—Muy bien; probaremos en ellos el temple de nuestros kampilangs.
—No te dejes llevar de tu acostumbrada temeridad, Hong —advirtióle Than-Kiu.
—¡Bah! Los osos no son panteras para caer sobre nosotros con inesperado salto.