Flor de las Perlas
Flor de las Perlas Avanzaron todos hacia el bosquecillo de caña de donde saliera el gruñido, empuñando los pesados sables; pero se detuvieron a los pocos pasos, porque vieron a uno de ellos levantarse sobre las patas traseras, como preparándose al ataque.
No se había equivocado Pram-Li; eran birmang, osos de cuerpo grueso, pero bastante largo, de una altura de setenta u ochenta centímetros puestos en cuatro pies, cabeza voluminosa, de largo hocico y orejas pequeñas. En dos patas alcanzaría aquel ejemplar una estatura de unos seis pies cumplidos.
Su pelo era corto, de un negro brillante, y tema en el pecho una ancha mancha amarilla en forma de herradura.
Hong se precipitó sobre él, sable en mano; pero el animal, espantado quizá por el número de sus enemigos, bajó las patas delanteras y escapó, internándose en el cañaveral.
—¡Ah, miedoso! —exclamó el chino, lanzándose en su persecución; pero halló el bosquecillo vacío; los dos osos galopaban velozmente por la lengua de tierra hacia el islote.
—Allá los encontraremos, a no ser que prefieran tirarse al agua.
—Quizá tienen en el islote su cubil —observó Pram-Li.