Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Y menos, habitado como está por cocodrilos —añadió Pram-Li.
—Entonces, tenemos que volver atrás y ganar otra vez la selva.
—¿Y Pandaras, Sheu-Kin?
—¿Crees que nos persiga?
—SÃ, Than-Kiu. Amándote, no se resignará a perderte, y nos dará desesperada caza.
—Afortunadamente nos hallamos en una isla que hace fácil nuestra defensa.
—Pero pésima para sostener el asedio, porque sin algo flotante no es posible desalojarla.
—¿Qué decides, pues, que hagamos, Hong?
—Por lo pronto, no encuentro cosa mejor que permanecer aquÃ. Tenemos vÃveres para diez dÃas, y armas y municiones que nos permiten mantener a raya a los piratas e impedirles cruzar el canal que nos separa de la lengua de tierra. Además, el agua tampoco nos falta. Dejemos transcurrir algunos dÃas, y, si no podemos procurarnos barca o almadiá, volveremos a la selva.
—¿Sabes, al menos, dónde nos hallamos, Hong?
—Tengo en el bolsillo un buen mapa de la isla que me procuré en Nasugbu, el del capitán Montero y Gay, el mejor y el más reciente, y lo estudié precisamente ayer, indagando adónde nos conducÃa ese condenado pirata. Si no me equivoco, debemos de estar a mitad del camino entre el Kabato y el Butuán.