Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —¿Cuántos dÃas crees que necesitaremos para llegar al lago?
—Por lo menos dos semanas, teniendo en cuenta los obstáculos que hemos de hallar.
—¡Tan pronto!… —murmuró estremeciéndose Than-Kiu.
—Si, lo verás tan pronto… si no ha muerto.
—¿Temes que no viva?
—En esta tierra no está uno seguro de hallarse vivo al dÃa siguiente. Pero confiemos en que viva para arrancar aún muchas lágrimas de los ojos de Flor de las Perlas.
—No, te engañas, Hong; Flor de las Perlas no llorará más por el hombre que ama a la doncella blanca.
—No lo digas tan pronto, muchacha.
—¡Te engañas! —insistió la joven con energÃa—. No le amo ya.
—¡Y vas a salvarlo!
—Para pagar mi deuda.
—¿Y luego?
—Cuando lo haya conducido a la costa…
—¿A él y a la mujer blanca? —dijo Hong.
—Cuando los haya salvado —prosiguió ella con profunda amargura, que encerraba cierta dosis de desesperación—, les diré adiós para siempre.
—¿Y te irás?…
—Adonde quiera llevarme el hombre que me ama.