Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Aquà ha habido lucha —dijo el malayo parándose.
—Y reciente —corroboró Sheu-Kin, que estaba examinando el terreno—. Veo sangre en la hierba y en las hojas.
—¿Será el que hemos oÃdo esta madrugada? Los tiros y los gritos llegaban de esta parte.
—Veamos: si hay sangre, habrá también algún cadáver.
Apartaron las gigantescas hojas de los bananos y penetraron entre los árboles, deteniéndose a los pocos pasos. De sus gargantas surgieron dos gritos de horror simultáneos. Ante ellos, en una especie de plazoleta, habÃa quince o veinte cadáveres confusamente amontonados, y todos sin cabeza. Casi todos estaban cubiertos de espantosas heridas, causadas, al parecer, por bolos y kampilangs, pero sin tener casi manchas de sangre.
Alrededor de aquellos mÃseros cadáveres se veÃan armas quebradas: algunos fusiles despedazados, lanzas despuntadas; cartuchos, trozos de tela, césped y hojas pisoteadas y manchadas, y algo más lejos dos cuerpos más, con cabeza. PertenecÃan a hombres de pequeña estatura y cutis más obscuro que el de los otros.
—Aquà ha habido una verdadera degollina —exclamó Sheu-Kin palideciendo—. ¿Quiénes serán estos desgraciados?