Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —¿Quiénes? —repitió el malayo, que habÃa levantado y examinado algunos—. ¿Quieres saberlo? Pues éstos eran de los piratas de Pandaras.
—¿De Pandaras?
—SÃ; he conocido uno, el que llevaba siempre a la cintura una faja de seda azul. Era el timonel del parao. Estoy seguro de no equivocarme. ¡Toma!…
Y aquel otro que está más allá, con la rodilla encogida sobre el vientre y que conserva aún la cartuchera, lo he visto también en el parao. Era uno de los malayos que formaban la guardia de honor del pirata.
—¿Y a Pandaras no lo ves?
—Le busco, pero no lo encuentro.
—¿Se habrá librado de la degollina?
—Lo supongo.
—Entonces, puede que se halle todavÃa en estas inmediaciones.
—Es lo más probable, y creo que haremos bien en largarnos de aquÃ.
—¿Quiénes pueden ser los asaltantes?
—Pues los igorrotes. Esos dos negros que conservan sus cabezas son igorrotes, nombre de los salvajes que habitan la parte interior de esta isla.
—¿Ésos son los feroces cazadores de cabezas?
—SÃ, amigo; hay algunas de estas tribus que coleccionan cráneos.