Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Entonces conviene huir, para que no nos decapiten también a nosotros.
—Asà me parece. Opino que liaremos bien alejándonos lo más pronto posible de esta maldita laguna. Apresurémonos a reunimos con nuestros compañeros para huir.
Salieron del bosquecillo vivamente alarmados, temiendo ya que durante su ausencia los salvajes hubieran atacado y decapitado también a sus compañeros; y después de asegurarse de que no eran seguidos, dirigiéronse muy ligeros hacia la laguna. Un suspiro de satisfacción salió del pecho de cada uno al ver a Hong y Than-Kiu tranquilamente tendidos bajo la sombra de los árboles y charlando animados y descuidados. Apenas llegaron, el malayo se apresuró a darles cuenta de su descubrimiento, demostrándoles el gran peligro que corrÃan si permanecÃan en aquellos sitios.
—¡Condenado paÃs! —exclamó Hong—. ¡Apenas acabamos de salvarnos de ser despedazados por los cocodrilos, y ya corremos el riesgo de que nos decapiten!… Pero ¿es que no se va a poder descansar un momento en esta isla?… ¡Gracias a que tenemos buenas piernas y podremos poner pies en polvorosa antes de que esos feroces salvajes nos sorprendan!
—¿Y Pandaras ha conseguido huir? —preguntó Than-Kiu.