Flor de las Perlas
Flor de las Perlas ¡Esto no puede seguir asÃ! Si la pantera no se decide a acercarse, tendremos que acercarnos nosotros a matarla. ¡Paréceme que tiene más miedo que nosotros!
—Puede ser; pero no se va, Hong.
—Quizá, porque para salir necesita volverse de espaldas, y tendrá miedo de que nos aprovechemos para caer sobre ella. ¡Es más astuta de lo que parece!
—¿Y qué hacemos? —exclamó la joven—. ¡No podemos aguardar al alba en esta posición!
—Pram-Li, mira si con el pie hallas una carabina; pero sé prudente, porque un movimiento de parte nuestra puede provocar el ataque.
El malayo alargó una pierna; pero la fiera desconfió de aquel movimiento, lanzó un gruñido de amenaza y se achicaron los dos puntos luminosos, como si el animal se recogiera para dar el salto. Pram-Li, asustado, volvió a su inmovilidad.
—¡Es imposible; nos atacarÃa en seguida! —dijo.
—¡Pues bien, salgamos al campo de una vez! —exclamó el jefe del Lirio del Agua cortando con un vigoroso sablazo las ramas y hojas de la pared, y saliendo por aquella abertura seguido de sus compañeros.
La pantera permaneció en el interior; pero sus broncos gruñidos anunciaban que a la inquietud sucedÃa en ella la rabia.