Flor de las Perlas
Flor de las Perlas La pantera, a pesar de sus hábitos batalladores, no se habÃa movido, considerándose quizá más segura en la caseta que fuera. Se la oÃa gruñir y arañar las paredes como si intentase abrir una nueva salida, en tanto que las dos parejas humanas, aguardaban, sable en mano, a que apareciese. Pasaron algunos minutos de angustiosa expectación.
—¡Por Fo y Confucio! ¿No se decidirá a salir de una vez? La cabaña es nuestra, y si no se apresura a desalojarla, la obligaremos, aunque tengamos que ahumarla.
—¡Ya me parece que va a salir, Hong!
Encorvóse el jefe del Lirio de Agua, miró por entre las ramas y sus miradas se cruzaron con las de la fiera. Introdujo rápidamente el sable y tiró una violenta estocada al enemigo, que lanzó un rugido ronco y se precipitó contra la pared dando un zarpazo, con el cual destrozó varias ramas e imprimió fuerte sacudida a toda la cabaña.
—¡Alerta, Than-Kiu!
En aquel instante la fiera, con el pelo erizado y la boca ensangrentada, salió precipitadamente, recibiendo dos formidables sablazos en el lomo; pero no se detuvo y escapó hacia los árboles. En un momento se la vio caer, levantarse, caer de nuevo y revolcarse furiosamente sobre la hierba y las hojas.