Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Me alegrarÃa en el alma. ¡Hace tanto tiempo que deseo probar esa carne, que dicen que es tan exquisita!
—¡Deliciosa! —afirmó Pram-Li espiando por entre las ramas—. Pero… ¡calla! ¿Dónde se habrá escondido ese animal? ¡No le veo por ninguna parte!
—Sin embargo, no debe de haber salido del matorral. ¡Mira: se agitan aquellos sarmientos!
—¡Es verdad!
—Cacémosle. Tú haz fuego en esa dirección: yo estaré preparado, y si sale…
Partió el tiro, e inmediatamente oyóse un grito que no parecÃa de animal, sino de persona.
—¡Por Fo y Confucio! ¿Has oÃdo, Pram-Li?
—Sà —repuso el malayo, cuyo rostro habÃase tornado gris, que es la manera de palidecer que tienen los de su raza—. ¿Habré matado a algún pobre habitante de la selva?
—¡Me lo temo! ¡No se oye nada!
—¡Vamos a verlo, Hong!