Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Esta chiquilla se llama Than-Kiu, y ya has visto cómo combatía en las filas insurrectas.
—Cierto; eres más arrojada que un hombre; por eso me duele que tanta audacia y tanto valor sean perdidos para la insurrección, y me asombra que vayas a correr peligros mil a esa isla salvaje para tratar de salvar a Romero y a la mujer a quien Romero ama.
—Te he dicho que tengo una deuda sagrada que pagar.
—¿No será la esperanza de robar a la doncella blanca su Romero?
—No —repuso la joven cerrando los ojos y moviendo majestuosamente la cabeza.
—Me lo sospecho, Than-Kiu.
—No —repitió la jovencita—. Romero está ya perdido para mí.
—¿Me lo juras? —exclamó Hong, brillando en sus ojos un relámpago de esperanza.
—¿Para qué arrancarme ese juramento? —murmuró ella con un sollozo.
—Porque el amor de ese hombre acabará con la más hermosa mujer del río Amarillo.
—Cuando eso suceda, se habrá cicatrizado la herida que sangra todavía.
—Gracias, Than-Kiu.
—¿Por qué me das las gracias?