Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Se ve que no se atreven a avanzar rápidamente —respondió Hong—. ¡Temen! ¡Buen sÃntoma!
—¿Adelantamos nosotros? —preguntó el malayo.
—Es inútil. Cuanto más afuera, más humo habrá, y nuestra tos les advertirÃa nuestra presencia. Además, éste es un puesto excelente para defender la gruta. Tanto más, cuanto que estas convexidades de la roca pueden servirnos de resguardo.
—¡Chito! —murmuró Tiguma—. ¡Me parece que los hombres del bagani están más cerca de lo que sospechamos!
—¿Has visto algo?
—¡Calla! ¡Están hablando en la galerÃa! ¡Aguardadme aquÃ!
Apenas habÃa avanzado unos quince pasos, cuando oyó un cuchicheo. Detúvose apoyado en la pared, y escuchó:
—¿Los oyes? —preguntaba uno.
—No —respondÃa otra voz.
—¿Habrán huido?
—¡Imposible! ¡La galerÃa no debe de tener salida alguna!
—Pero no hemos llegado aún al fondo ¿La has explorado tú alguna vez?
—Nunca.
—¿Dónde acabará?
—Eso es lo que no sé.