Flor de las Perlas
Flor de las Perlas Hong y sus compañeros, imaginándose lo que habÃa pasado, se precipitaron resueltamente hacia delante, chocando en breve con los cazadores de cabezas, que se habÃan introducido en la galerÃa.
—¡Fuego! —mandó con voz tonante Hong.
Tres relámpagos rasgaron las tinieblas, seguidos de tres detonaciones. Al rápido fulgor de la pólvora vieron los chinos y el malayo que huÃan varios hombres ante ellos.
—¡Adelante! —Ordenó Hong, empuñando el fusil por el cañón a guisa de maza.
Los enemigos, aterrados por la imprevista descarga y por los gritos de dolor de sus compañeros, a quienes rompÃan el cráneo con las culatas los sitiados, emprendieron precipitada fuga, sin pensar en oponer la menor resistencia. El pánico habÃa cundido, y los tres hombres llegaron a la boca de la galerÃa machacando cráneos y quebrantando costillas. Desde la abertura los cazadores de cabezas se precipitaron al agua, escondiéndose en las escolleras. Hong, el malayo y Sheu-Kin, reanimados por la fuga de sus enemigos, los persiguieron aún con nuevas descargas.
—¡Aprovechemos su pavor para huir! —dijo Hong—. ¡Sheu-Kin, ve a llamar a Than-Kiu!
—¡Presente! —exclamó la joven compareciendo fusil en mano.