Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —¡Ven, Flor de las Perlas! —murmuró él cogiéndola con sus robustos brazos—. ¡Tratemos de ganar la orilla opuesta del Bacat!
—¿Y Tiguma?
—¡Secuestrado!
—¿Y le abandonaremos?
—Por el momento no hay otro remedio. ¡Pero no dejaremos a ese valiente en manos de tales bandidos! ¡Agárrate a mi cuello, y vosotros dos proteged la retirada! ¡Tú, amiga mÃa, toma todas las municiones y consérvalas donde no se mojen! ¡Las necesitaremos en breve!
Dicho esto se precipitó al agua y nadó vigorosamente. Than-Kiu, abrazada a su cuello con una sola mano, sostenÃa en alto con la otra los dos fusiles y las municiones. Mientras el chino surcaba la corriente, sus dos compañeros desde lo alto de una roca protegÃan su huida disparando contra los cazadores de cabezas que se habÃan precipitado sobre él para apresarle y lanzaban sobre el nadador una lluvia de flechas. Los primeros tiros de Sheu-Kin y el malayo mataron a los dos hombres que se habÃan metido ya en el agua y que dejaron en el rÃo un doble cÃrculo sangriento. Alzóse entre los salvajes un alarido de rabia y espanto; pero otras dos vÃctimas les quitaron el valor de perseguir a los fugados afrontando a tan diestros tiradores, y se desparramaron escondiéndose entre las escolleras.