Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —SÃ.
—Pues preparaos para recibir al dueño de la babirusa.
—¿Qué dueño? —preguntó el malayo palideciendo.
—¡Por Fo y Confucio! ¿Qué dueño ha de ser? ¡El tigre!
—¿Viene?
—¿Oyes?
A veinte pasos se agitaban las cañas, y de pronto resonó un rugido. ¡A o-ung! Era el poderoso grito de guerra del tigre, y el malayo lo habÃa oÃdo bastantes veces para no dudar.
—¡Amenaza saltar sobre nosotros! —dijo Pram-Li sin poder dominar tan fuerte estremecimiento.
—¡Mejor! —contestó Hong con admirable sangre frÃa—. ¡Si tiene la intención de castigarnos por ladrones, va a llevarse un chasco! ¡Hola! ¡En retirada con la frente hacia el enemigo!