Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —¿Estás seguro?
—Ya no se agitan las cañas de bambú.
—¿Habrá renunciado a perseguirnos?
El joven movió la cabeza con gesto de duda.
—¿Qué dice Vindhit?
—Parece que el tigre se ha detenido.
—¿No habrá dado un rodeo para caer sobre nosotros por la espalda? ¡Estos animales son unos traidores!
—Me lo temo, Hong.
—¡Aguardemos!
Apoyáronse espalda con espalda para hacer frente en triángulo a la fiera, y escucharon. Nada turbaba el silencio del matorral. Las cañas permanecÃan inmóviles en torno de los tres cazadores.
—¡Nada; que el tigre habrá preferido entretenerse con la babirusa!
—¡Vindhit, lanza una flecha hacia aquel sitio!
HÃzolo asà el igorrote, y le respondió un rugido tremendo.
—El tigre está emboscado. ¡Vamos a hacerle salir!
—¡No expongamos en vano la piel, Hong!
—Si no nos decidimos, ese condenado animal va a tenernos en jaque. ¡Vale más dar la batalla de una vez! ¡Déjame a mà disparar primero!