Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Déjala, Pram-Li: hemos perdido demasiado tiempo, y Than-Kiu estará inquieta por nuestra tardanza. No olvidemos tampoco a Tiguma.
Cargaron las armas y se apresuraron a salir del matorral que por poco se convierte en su tumba. A cincuenta pasos del rÃo hallaron a Than-Kiu y Sheu-Kin, que habÃan oÃdo los disparos y creÃan en peligro a sus amigos.
—Preparemos la comida para proseguir nuestra marcha. Vindhit nos ruega que nos apresuremos o no llegaremos a tiempo de cortar el paso a los cazadores de cabezas.
Encendieron un buen fuego y asaron una pierna del cerdo salvaje, que aderezaron previamente con hierbas aromáticas. Mientras se asaba, esparciendo exquisito aroma, el amigo de Tiguma fue a buscar frutas, y volvió cargado de plátanos y cocos cuando estaba el asado a punto de retirarse del fuego. Aquella refacción, hecha a la orilla del rÃo y bajo la sombra de los grandes árboles, fue deliciosa: la babirusa estaba sabrosÃsima, y hasta Than-Kiu comió con excelente apetito.